Hola amigos…
Ayer amarró su ketch
(un barquito de dos palos) un señor con barba, muy desgarbado, delgado y
muy alto, de unos 70 años de edad y muy, muy, muy marinero.
Yo
estaba trabajando en el barco de al lado, así que yo, que le había
ayudado con las amarras, que le eché una mano incluso a adujar los
cabos, acepté de buena gana a mostrarle dónde estaban los baños y donde
está, aquí en Alicante, ese bar donde nos tratan bien a la gente de mar,
y accedí a compartir con él el almuerzo.
Llevaba 2 años sin
pisar tierra. Venía de la zona de Sicilia. Comía pescado y bebía agua de
la lluvia, y me habló de una mujer muy especial: una mujer de la que yo
había oído cantar a Suburbano en estos versos que os adjunto:
Dicen que hay una
mujer sin decoro
de talle largo, de negro pelo
que guarda el
viento como un tesoro
en una esquina de su pañuelo.
Dicen que entrega el
viento a la suerte
de aquel que alza libres las velas
y pone en lo
alto contra la muerte
bandera negra a su carabela.
Fetagd,
que así se llamaba nuestro visitante, con su leve acento francés, me
comentó que aquella mujer existió antes incluso que fenicios y
cartagineses.
Que se sentaba, en una isla, sobre una piedra, al
atardecer. Que repartía, cuarta a cuarta, por la Rosa de los Vientos,
las corrientes que ella consideraba oportunas para el día siguiente.
Hablamos
de la Isla (tenía una extraña atracción, profundo magnetismo, repleta
de pinos…). Es Ibiza.
Hablamos de la Piedra. Es gigantesca, está
tallada a mano por extraños seres y representa, en una esquina, la cara
de un Pirata, del que se dice se llevó a la chica lejos, muy lejos, y
dejó las tareas del viento a borrascas y anticiclones.
La Piedra
mira hacia el Sur, y se encuentra en una cala pequeña, donde apenas
caben 20 personas, haciendo conjunto con todo en un entorno de pinos y
sabinas tan extraño como bello. Muy bello.
Conozco la Piedra y se
lo dije. Le dije dónde se encontraba y dónde podía fondear para llegar a
ella.
Sin terminar su bocadillo, se levantó de la mesa y volvió a
su barco. Cinco minutos después ya había zarpado, pero el marinero que
le ayudó a zarpar me entregó una nota de su parte. La tengo aquí delante
y dice lo siguiente:
“Enciende una vela a ese Pirata y tendrás
buenos vientos toda tu vida”.
Así que quiero enseñarte la Piedra y
encender contigo la vela en el PUENTE DE JUNIO.
EL PLAN ES EL
SIGUIENTE:
El miércoles 2 de junio, saldremos cada uno de su
trabajo sin decir dónde estaremos, y nos encontraremos en Denia.
Esa
noche, cuando estemos todos los integrantes de la expedición,
soltaremos amarras y navegaremos durante la noche hacia FORMENTERA.
Dependiendo del número de barcos que seamos, navegaremos en flotilla o
en regata.
El jueves y el viernes, disfrutaremos de
Cala Saona y de Illetes: de sus aguas de colores turquesas donde se
puede espiar a los peces a 20 metros de sonda.
Al
atardecer, navegaremos desde Formentera hacia el sur de Ibiza, y
fondearemos cerca de La Piedra.
Esa noche, sigilosos,
nos acercaremos a ella y encenderemos la vela.
Dormiremos
fondeados frente a la Piedra. Si alguien quiere dormir junto a la
Piedra, que lleve saco y buen abrigo.
Al día
siguiente navegaremos, con los vientos que nos han prometido, hacia el
norte, y fondearemos, por ejemplo, en la Isla Conejera, o en alguna otra
cala que veamos interesante o en el Puerto de Sant Antoni de Portmany.
Eso lo improvisaremos.
El domingo, tempranito,
zarparemos de nuevo para hacer la travesía hasta Denia, pero esta vez de
día, disfrutando de delfines, tortugas, calderones (ahora hay muchos) o
lo que la suerte nos depare.
Habremos cumplido
nuestro objetivo: volveremos a nuestros respectivos trabajos y nunca,
jamás diremos dónde hemos estado, pero siempre, siempre, soplará el
viento a nuestro favor mientras izemos, contra la muerte, bandera negra
en nuestra carabela.